Santander, 28 de marzo. El bruxismo es un trastorno cada vez más común que afecta a miles de personas en todo el mundo, aunque muchas veces no se detecta de manera inmediata. Se caracteriza por el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, especialmente durante la noche, aunque también puede ocurrir de día. Muchas veces pasa desapercibido, pero puede tener consecuencias graves tanto para la salud dental como para el bienestar general de los pacientes.
La causa exacta del bruxismo no está completamente definida, aunque los expertos coinciden en que su origen está relacionado con una combinación de factores físicos, emocionales y psicológicos. De esta manera, se considera que el estrés y la ansiedad son los principales desencadenantes de este trastorno, ya que muchas veces se tiende a apretar los dientes como respuesta inconsciente ante situaciones de tensión. Sin embargo, existen otros factores que pueden contribuir al bruxismo como problemas de alineación dental, trastornos como la apnea del sueño o efectos secundarios de ciertos medicamentos.
Respecto a los síntomas, el más común es el rechinamiento o apretamiento de los dientes, lo que puede generar dolores de cabeza frecuentes, dolor en los músculos de la mandíbula o un desgaste en los dientes. Además, quienes padecen este trastorno pueden experimentar molestias en las articulaciones temporomandibulares, lo que puede afectar la capacidad para abrir y cerrar la boca.
Por otro lado, en casos más graves puede provocar fracturas en los dientes, pérdida del esmalte dental y, en algunos casos, alteraciones en la mandíbula. Todo ello, a largo plazo, puede derivar en problemas significativos de salud bucodental.
El diagnóstico temprano es clave para prevenir daños. En este sentido, los dentistas suelen ser los primeros en identificar esta condición, ya que en las visitas periódicas a la consulta pueden observar el desgaste anómalo de los dientes o en la mandíbula. Si hay signos de sospecha, se pueden realizar pruebas adicionales como estudios del sueño para descartar otros trastornos subyacentes.
Aunque no siempre es posible prevenir el bruxismo, se pueden realizar hábitos que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar este trastorno como mantener un estilo de vida saludable, reducir el consumo de cafeína y alcohol, practicar ejercicios de relajación y mantener una rutina de sueño adecuada. Se trata de un trastorno que interviene en la calidad de vida de los que lo padecen, por lo que un tratamiento adecuado puede minimizar sus efectos y mejorar la salud de los pacientes.